Este domingo tenía mono de hacer windsurf, y la previsión del tiempo decía que iba a soplar tramontana aquí en Roses.
Llego a la playa y observo que a duras penas se mueven un poco las palmeras… ¡Mala señal! Pero tengo la mala costumbre de que como se me meta entre ceja y ceja hacer wind, monto el equipo aunque haya un viento de fuerza “-10″, con la esperanza de que cuando llegue al agua se levante.
El milagro no se produjo y me tuve que conformar con practicar maniobras que no las tengo cogido el truquillo: algo es algo, ¿no?
Cada vez estoy más convencido en que hice bien en comprar una tabla con bastantes litrillos y dejar la idea de pillarme una de olas para cuando viva en otro mar donde las condicones sean más “infernales”.
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